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Mostrando entradas de mayo 28, 2017

LAS HERIDAS DE GUERRA DE UN IMBÉCIL INTEGRAL

Hace cosa de nueve años avalé el acceso a un hospital español de un inmigrante sin papeles que venía de Gambia en condiciones terribles, tanto, que se pasó seis meses hospitalizado hasta que pudo ver la luz del día con una sonrisa. La Seguridad Social española emitió una factura a mi nombre de algo más de 14.000 € (en pesetas de la época) que me dejó como moroso institucional, y dolió entonces. Entre medias de aquel ayer y este hoy, y todo por intentar echar alguna que otra mano donde se pudiese, me caí varias veces con resultados leves, me corté manos y brazos, se me jodió un dedo del pie por aplastamiento y me quedó una lumbalgia crónica que a veces se complica con el ciático, pero es la vida y ya está. Hace unos días resbalé montando un mercadillo y tengo una nalga negra (que es pa verla) y la muñeca abierta, además de un dolor trasero bien cabrón en una costilla, y mientras me dolía de mi imbecilidad, me llegó una carta con acuse de recibo del Ministerio de Empleo y Seguridad Soc…

¡Qué guay!

A Melqui, mi peruanito preferido, se le ha antojado una tablet para Navidad.
Ahora le recuerdo en las primeras fotos que me hizo llegar Lorena desde los cerros, agarrado de la mano de su hermanito Bruno, sucios los dos hasta el límite de la suciedad, con hambre, sin zapatos, sin casa (la familia vivía en un entresijo de plásticos). En aquella foto aparecían los dos hermanitos con la mirada triste, como desolada. Su mamá padecía problemas serios de salud y los niños vagaban por Alto Trujillo a lo que cayese.
Con el tiempo fuimos echando una mano a Melqui y a su familia. Les compramos zapatos, ropita nueva, materiales para ir al colegio. Lorena sacaba de vez en cuando a los niños a comer rico en algún centro comercial de Trujillo (para ellos eso era un regalazo), luego llegó un carrito pollero para la familia y más tarde una casita nueva (que nos costó un montón sacarla adelante).
Cuando viajé a Trujillo el noviembre pasado, pude estar con Melqui y ver cómo había cambiado aquel niño tri…