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60 COMO 20 (II)

Ayer vi a mi madre postrada por una caída, con su sonrisa eterna en la boca y una carita preciosa de mapache (tiene un derrame enorme alrededor de los ojos) y le dije:  – Mamá, debes pensar en usar bastón, que ya es la segunda caída en dos meses. Me miró sin perder la sonrisa mientras sujetaba un capacito de hielo contra su frente y me contestó: – Lo que tengo que hacer es tirar a la basura estos zapatos, que son los culpables de que me caiga. Luego pensé en mis años y en los suyos, pensé en cómo me sacó adelante con dos cojones cuando no había casi ni para comer en casa, cómo luchó junto a mi padre para hacernos la vida fácil a mí y a mi hermana bonita, cómo supo siempre inculcarnos dos cosas fundamentales, que hay que sonreír ante la vida y echar una mano siempre al otro y que no hay problema que no tenga una solución si la acometes con tranquilidad. La miré a los ojos –lindos, pero relindos, eh– y, sin pronunciar palabra, nos entendimos perfectamente, porque yo soy como ella, aunque al…
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60 COMO 20

No estoy tan mal si me miro hacia abajo, y estoy mejor si miro al otro y pienso. Tan solo algunas taras por el uso ponen el justo aroma a este cuerpo inconsciente que me hace un tipo extraño enfrentado al espejo: Algunas canas nuevas en el pelo enredado, la rodilla latiendo como un corazón par al que llevo en el pecho, los riñones casi al jerez, la espalda en sus meandros, la tripa con su fragor constante –que es musical a veces–, las manos como cuando era niño –son mi mejor valor, lo sé y lo siento–, la vista con dioptrías que crecen por segundo, el centro a lo que caiga –que aún es centro– y el oído justito de impresor –oigo tan solo lo que quiero–. No estoy tan mal, ya digo, para aguantar un par de lustros más en este cuerpo, y hasta tres si se tercia. Todo lo que me pasa, lo he vivido; todo lo que me duele, lo he buscado; todo lo que me hace feliz es un regalo que llega por azar, que no por méritos… 60 como 20, ya os digo, y he perdido… He perdido a amigos especiales que dejaron s…

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Mirar a los ojos del otro y hablarle con ellos de verdad.

Que venga un amigo a compartir su nada y te nuble el día mientras te ciscas en todo lo que se mueve, porque no es justo que los buenos tengan esos jodidos castigos microscópicos que te dejan out. Y yo no supe más que abrazarle, coño, porque me quedé parado y atónito, sin comprender nada de nada. Fue entonces, en el abrazo, cuando me di cuenta de que también hay que estar ahí, en el puñetero sufrimiento del cercano, en ese sufrimiento que es más soledad que biología o que pobreza o que hambre y sed. Hay que estar para el abrazo, para la conversación serena, para apoyar con lo que sea y como sea..., y sobre todo para entender juntos que todo es pasajero y, ante lo inexorable, solo hay que dotarse de actitud. Todo va a suceder con independencia de que sonrías o llores, de que estés alegre o triste. Todo seguirá su curso y se debe aprovechar cada minuto en positivo, paladearlo y sentirlo como si fuera el último. Yo sé que esto que digo no es fácil, precisamente porque vivimos en un mundo …

Cuando la insatisfacción llega a un vínculo

Yo, que siempre he sido un solitario visceral en lo relativo a ciertos aspectos de mi vida, no acabo de entender bien que, cuando la insatisfacción llega a un vínculo, no seamos capaces de mirar con simplicidad y tendamos a hacerlo todo complejo.
La vida no es bonita si no nos dejamos querer por ella, si nos enredamos en poner tropiezos donde no existen más que voluntades simples y capaces de la sinceridad.
El amor, por ejemplo, es absolutamente cabrón si no has madura, es capaz de destruirte y destruir todo lo que tienes alrededor si no tienes el temple de respirar y ver con tranquilidad lo que tienes, lo que das y lo que se te está dando. Lo demás es accesorio, un accesorio jodidamente puñetero y capaz de romperlo todo para dejarlo en nada. Amar es darse y saber recibir, entender al otro y saber buscar siempre el término medio capaz de la satisfacción común. Pero, equivocadamente, todo se plantea como una guerra en la que alguien tiene que salir como vencedor con esos yo te quiero m…

Suicidas

No sé por qué, esta tarde me dio por pensar en todos los suicidas que pasaron cerca de mi vida. Haciendo memoria, me salen dieciocho desde aquel primero de los tiempos de la discoteca Alekos hasta estos casi sesenta años que cabalgo. Pensándolo bien, son muchos, muchísimos suicidas cercanos para un tiempo tan corto y en un espacio tan pequeño (los dieciocho doblaron por su voluntad entre Béjar y Salamanca). Ésos, los que me tocan y recuerdo, que habrá otros muchos que se me olviden o que no me llamaron la atención en su día.
Hace años indagué con cierto encono en el trasunto de los poetas suicidas (fruto de aquella preocupación extraña nació un poemario que titulé 'Paraísos del suicida' y que tuvo su tiempo con buena aceptación y hasta con confusiones casi panegíricas –panegíricas para mí, claro–) y recuerdo que mi conclusión entonces fue que la mayoría de los poetas suicidas tomaron una decisión valiente, cuando no de una estética casi gloriosa hacia el después. Muchos de ell…

Escupiré sobre vuestra tumba

Ayer volvi a leer Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian, y enseguida se me vino a la cabeza la imagen del 'buen negro', ese tipo servil que profesaba admiración por sus amos blancos, y el enorme parecido con este 'buen blanco' de hoy, tan despreciable, que sigue aupando a sus amos mientras le humillan y le roban todo, absolutamente todo. El acierto de Boris Vian en esta obra, bajo mi humilde punto de vista, no es otro que el de tratar un tema digno del asco, cuando no del horror más insoportable, con un lenguaje que toca el sadismo para desconcierto del lector y que está exactamente a la altura de los sucesos reales que, aún hoy día, son de uso corriente. Me gusta mucho esa franqueza literaria de Vian, esa sinceridad lingüística y el enorme valor de utilizar un correlato par a la asquerosa realidad que se recrea.
Leyéndolo, pensé enseguida en esa venganza que el pueblo tiene pendiente con los banqueros, con muchos políticos y con todos esos ladrones de vidas que …